Con esta entrada doy por terminadas las reflexiones sobre mi viaje a Euskal Herria.
Euskal Herria,
deja de llorar.
Años de heridas,
de sangre derramada por doquier,
de lágrimas que bañan tus montes y costas.
De dolor.
De familias rotas y
corazones destrozados.
De padres sin hijos e
hijos sin padres.
De barrotes que encierran ideas,
ideas que molestan por tener razón.
De ideas que
a pesar de vivir en una jaula,
mantienen viva la llama.
De gente que lucha por su pueblo.
Con dificultades, sí,
pero que camina con paso firme.
De heridas que cicatrizan
aunque algunos pretendan dejarlas abiertas.
De cicatrices que curan
pero cuyo dolor perdura.
Euskal Herria,
deja de llorar.
Llegó el tiempo de sonreír.