Días, en que la cabeza está en todo menos en lo que debería estar.
Días, en que nada es lo que parece.
Días, en que los hechos no corresponden con las palabras.
Días, en los cuales cuesta dormir.
Días, sin risas y sin alegría.
Días, que pasan como uno más.
Días.
Cuaderno de "Vitacora"
15 de diciembre de 2013
9 de septiembre de 2013
Una moneda. Si me preguntaran con qué objeto me identifico, diría una moneda. ¿Por qué? Bueno, es un objeto mundano, habitual, cotidiano, que vemos todos los días y realmente no tiene más valor que el que indica un número grabado en su superficie...pero no, no me identifico con una moneda por eso.
Todo el mundo piensa que las monedas tienen dos caras, y es así: aplicado a mi persona, una representaría mi parte buena, "mi luz"; la otra, sería la parte oscura, "mi noche". Cuando lanzas una moneda al aire hay un 50% de probabilidades de que salga una u otra, y con las personas que me rodean sucede igual: puede ser que seas afortunadx y conozcas mi parte buena...o te toque conocer la mala.
Sin embargo, hay algo que la gente no parece tener en cuenta, y es que hay una tercera posibilidad: el canto de la moneda. Dicho canto divide a la moneda en sus dos caras, pero la probabilidad de que, al lanzarla, la moneda caiga de canto, es ínfima. Del mismo modo, muy pocas personas saben cuál es mi verdadero yo, pues creo que no todo el mundo debe saber realmente cómo soy, pues conocerían mis puntos débiles. Esa cara y esa cruz, son un escudo frente al mundo.
Todo el mundo piensa que las monedas tienen dos caras, y es así: aplicado a mi persona, una representaría mi parte buena, "mi luz"; la otra, sería la parte oscura, "mi noche". Cuando lanzas una moneda al aire hay un 50% de probabilidades de que salga una u otra, y con las personas que me rodean sucede igual: puede ser que seas afortunadx y conozcas mi parte buena...o te toque conocer la mala.
Sin embargo, hay algo que la gente no parece tener en cuenta, y es que hay una tercera posibilidad: el canto de la moneda. Dicho canto divide a la moneda en sus dos caras, pero la probabilidad de que, al lanzarla, la moneda caiga de canto, es ínfima. Del mismo modo, muy pocas personas saben cuál es mi verdadero yo, pues creo que no todo el mundo debe saber realmente cómo soy, pues conocerían mis puntos débiles. Esa cara y esa cruz, son un escudo frente al mundo.
En efecto, soy como una moneda.
25 de julio de 2013
Irri egizu
Con esta entrada doy por terminadas las reflexiones sobre mi viaje a Euskal Herria.
Euskal Herria,
deja de llorar.
Años de heridas,
de sangre derramada por doquier,
de lágrimas que bañan tus montes y costas.
De dolor.
De familias rotas y
corazones destrozados.
De padres sin hijos e
hijos sin padres.
De barrotes que encierran ideas,
ideas que molestan por tener razón.
De ideas que
a pesar de vivir en una jaula,
mantienen viva la llama.
De gente que lucha por su pueblo.
Con dificultades, sí,
pero que camina con paso firme.
De heridas que cicatrizan
aunque algunos pretendan dejarlas abiertas.
De cicatrices que curan
pero cuyo dolor perdura.
Euskal Herria,
deja de llorar.
Llegó el tiempo de sonreír.
2 de junio de 2013
Esta puta sociedad que me lleva de cabeza; que nos lleva de cabeza. Ahoga. Aprieta. No deja circular la sangre. No permite que avancemos. Corta de raíz nuestros deseos más salvajes. Pero, aún así, seguimos aguantándola. Desde luego los seres humanos o somos tontos o masocas...o ambas cosas.
Perdemos la libertad a pasos agigantados pero seguimos apoltronados en el sofá, sin mover un dedo a no ser que sea para cambiar de canal en el mando. Mientras el Estado encierra, tortura, oprime y asesina, nosotras y nosotros vivimos tranquilos porque, claro, eso nunca va a pasarnos a nosotros. "Somos libres". Bien, no lo somos, pero lo pensamos porque es lo que quieren que pensemos.
A mí esta sociedad y los seres que la componen cada vez me da más asco, me parece repulsiva y me provoca arcadas. Somos pocas y pocos lxs que nos movemos por intentar cambiar las cosas, pero hasta que no se conciencie todo el mundo, nuestra lucha va a tener los mismos impedimentos de siempre.
Esta puta sociedad que me lleva de cabeza; que nos lleva de cabeza...
22 de mayo de 2013

Días grises, lluvia constante y corazones que gritan de dolor. Paseos por aceras mojadas bajo la intermitente luz de bombillas que terminan por apagarse definitivamente.
Todo a oscuras, ni rastro de luz.
La soledad golpea el pecho y lo oprime, impidiendo respirar y haciendo de los movimientos torpeza pura.
La realidad se cierra en sí misma y los pies avanzan por un angosto túnel invadido por pesadillas y malos pensamientos. No hay guía alguna más que las manos que rozan las paredes y las ganas de salir, de llegar al final y ver la luz.
Y yo, yo, sé que tu corazón rebosa ganas de salir de ese túnel, aunque ahora mismo deambule perdido en ese cielo de lunas rojas.
12 de mayo de 2013
Todo se hace en torno a una mesa
"Todo se hace en torno a una mesa". Esa fue una de las frases que más recuerdo del viaje, y que define a Euskal Herria y sus gentes con gran exactitud.
Yo conocía la buena fama de la gastronomía vasca, pero no sabía hasta que punto esa fama que tenía era tal...y he de decir que no me defraudó ni un ápice. La primera noche, como ya comenté en anteriores entradas, cené un bocadillito de tortilla de patata en el "Giroki" que bien merecía 2 estrellas Michelín.
Siempre he dicho que soy de buen comer, y que disfruto comiendo, pero en Euskal Herria la comida es una forma de vida. No sólo comen con calidad, sino que lo hacen en cantidad. Ya sea en casa o de pintxos...no vas a pasar hambre; incluso es posible que lo pases mal si no te gusta comer demasiado.
De la gastronomía vasca me llamaron mucho la atención los "txokos" (sociedades gastronómicas), en los que sólo se puede entrar siendo miembro o familiar/amigo de un miembro, y los hay con lista de espera de hasta dos años. Allí se llega con la cuadrilla, se paga por usar los instrumentos de cocina y se preparan los platos que van a amenizar el gusto. Cabe decir que hay txokos en que sólo pueden cocinar hombres, otros en los que esa labor sólo la pueden desempeñar las mujeres, y otros en que pueden hacerlo ambos. Sinceramente...yo quiero de eso aquí.
Por otro lado los famosos pintxos. Hay que decir que es una maravilla verlos expuestos en las barras de los bares pero el precio es prohibitivo para los que somos working class, así que se los dejo a los franceses pastosos y turistas ahorradores (ya iré algún día de pintxos por Donostia y me dejaré los cuartos...tiempo al tiempo).
Y por último, y no por ello menos importante, me gustaría hablar un poquito de las "herriko tabernas". La traducción es "taberna del pueblo" (si no me equivoco) y siempre se les ha vinculado a la izquierda abertzale. Si bien es cierta esta vinculación, y tienen el estigma de ser lugares donde se reúnen los "pro-etarras", hay que decir que cualquier persona con capacidad de respetar ideas distintas a las suyas, es bienvenido. Yo mismo estuve en una herriko muy conocida de Donostia y en ningún momento se me miró mal ni se me increpó por hablar en castellano, así que hay que quitarse de la cabeza ciertos prejuicios. Además, y es un dato a tener muy en cuenta, se come bien y barato (para lo que suelen ser los precios en Euskal Herria).
En resumen, Euskal Herria es tierra de buen comer y buen beber, y todo aquello que es verdaderamente importante se hace alrededor de una mesa (de ahí la famosa "mesa de negociaciones" y los temas tan importantes que en ella se trataban...).
Buscando por la red he encontrado un vídeo de la ETB en el que Jone Goirizelaia habla sobre este tema, así que adjunto el enlace por si queréis verlo. http://www.eitb.com/es/videos/detalle/1314364/video-bares-politicos--goirizelaia-nos-ensena-herriko-taberna/
On egin!
16 de abril de 2013
Euskal Herria, bella tierra (parte II)
Continuación de la entrada anterior y final de la historia.
| Desconozco aún cómo la pisé para acabar así |
Una vez amanecimos en la habitación del Hotel Báltiko (los que estuvimos allí sabemos lo que pasó), despedimos a C y comimos en una placita de Donostia. Ya por la tarde, cogimos el bus que nos llevaría a un pueblecito cercano a la frontera con Francia: Hondarribi. Allí paseamos por sus calles llenas de casas de colores y tuve mi primer y único encuentro con las delicias de la caca de perro vasco (adjunto foto de cómo quedó mi vestimenta).
Justo cuando íbamos a coger el bus dirección a casa nos entró antojo de hamburguesa así que nos dirigimos a un centro comercial de Irun, donde aproveché las fuentes que hay en la calle para limpiar esa mancha apestosa que llevaba encima. Allí he de decir que N y yo las pasamos putas pues el dependiente de la hamburguesería tenía...cómo decirlo...una pinta de cerdo que no se la quitaba ni con sulfúrico, así que salimos de la ciudad lo más pronto que pudimos.
Ya estamos a Viernes, y tocaba ir a conocer un poco de Bilbo, así que cogimos el bus (no sin dificultades) y llegamos hacia el mediodía. Allí se encontraba E, que nos hizo de anfitriona muy amablemente y fuimos a por C, que como buen maestro de la orientación que es...se equivocó de tren.
Por Bilbo no hicimos sino caminar, comer, y tener conversaciones muy muy interesantes, aparte de perseguir a niños canis (sin recompensa alguna). Añadir que en un bar nos encontramos a 3 conocidos jugadores del Athletic y uno sobrevivió porque estaba en un sitio público. Ya llegada la hora de volver, despedimos a C y le hice prometer que me devolvería la visita para llevarle de turismo cervecil, invitación a la cual no pudo negarse.
Una vez en Donostia, cena y a dormir.
Sábado. Ya era el último día y lo notaba en mí mismo. Estaba triste porque el viaje me había encantado y hubiese estado allí mucho más tiempo con gusto, pero no podía ser. Dediqué el día a comprar souvenirs y aprovechamos para subir al monte Urgull a disfrutar de las vistas que ofrece de todo Donostia.

Y llegó la noche, y con ella la despedida que sabía que tendría que dar. No soy fan de las despedidas, y esta en especial no me hizo ilusión porque pasé buenos momentos junto a N durante esa semana y sabía que iba a extrañar su presencia en mi vuelta a la vida cotidiana. Sin embargo, era lo que tocaba, así que me aguanté la lagrimilla y le di las gracias por todo con un muy sincero "Eskerrik asko". Llegúe al hotel, terminé la maleta y me eché a dormir sabiendo que no podía dormirme.
¿Y qué pasó? Pues que, efectivamente, me dormí. Esa noche se produjo el cambio de hora y llevaba los despertadores descontrolados. Uno sonó a las 5:30 AM, con lo cual me dije: "bah, puedo dormir una hora más..." y ese fue mi error, pues amanecí nuevamente a las 07:30 AM (la hora a la que salía mi tren). Rápidamente cogí la maleta y me dirigí a la RENFE, pero no había billetes de vuelta hasta ¡2 días después! Imaginad mi cara en aquel momento: solo, sin poder volver a casa, en una ciudad "desconocida" y a kilómetros del hogar. Por suerte, recordaba cómo llegar a la estación de buses así que allí dirigí mis pasos y ¡oh, sí! encontré una combinación de autobuses que me dejaría en casa.
Finalmente, casi entrada la medianoche, con 60€ menos en la cartera (con lo que yo había ahorrado...) y tras casi 15 horas de autobús (incluyendo, cómo no, un transbordo en Madrid y un atasco monumental a causa de la lluvia), llegué a la estación de buses de mi ciudad, donde me esperaba la gran sorpresa del día: cierta persona que no pudo venir conmigo al viaje, llevaba esperando horas mi regreso. Queráis o no, eso le saca una sonrisa a cualquiera por muy "perro" que haya sido el día.
Hasta aquí llega lo que puedo y quiero contar de mi viaje. Lo he intentado resumir al máximo, no olvidando detalles que pudieran ser graciosos. Espero, sinceramente, que la visita me sea devuelta por parte de la parejita y que yo, más pronto que tarde, pueda volver a conocer más de esa bella tierra que es Euskal Herria. Agur.
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