26 de febrero de 2013

Sin querer queriendo. Todo se reduce a acciones de la vida en las que actuamos sin pensar, pero realmente hay algo que nos mueve a ello. Lo mismo da elegir la marca de champú que decidir si hacemos pis antes o después de desayunar; todo lo hacemos por alguna razón. Supersticiones, manías, mera casualidad...no lo sé, pero desde luego es algo interesante que se extrapola a todos los aspectos de nuestras vidas. De hecho, esta entrada la he comenzado sin saber por qué...sin querer queriendo.

20 de febrero de 2013

¿De qué sirve la vida si no es para vivirla como a uno le gusta? 
Este año el estadio Ramón Sánchez Pizjuán ha tenido uno de sus graderíos vacíos prácticamente toda la temporada. El Gol Norte, ése donde se situaba la peña Biri Biri (más conocida por todos como Biris Norte), no ha sido el motor que llevaba en volandas al equipo como sí lo fue en tiempos pasados, cuando el equipo ganaba títulos a nivel europeo. Y la culpa de ese cese de actividad de los hinchas no es otra que la represión, ejercida tanto por la junta directiva del club (con el presidente J.M. Del Nido a la cabeza) cómo por los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y los señores de la Comisión Estatal contra la Violencia, el Racismo, la Xenofobia y la Intolerancia en el Deporte. Dicha comisón, amparándose en una labor totalmente honrada como es acabar con el racismo en el fútbol, se dedica a imponer sanciones que van de los 3.001 a los 60.000 € (según cada caso) y meses o incluso años sin pisar un recinto deportivo, por actos como "petar" bengalas o botes de humo.
Veamos...¿qué es más bonito: un estadio apagado, con los aficionados animando sólo para celebrar los goles o uno con una buena hinchada que se deja la voz los 90 inutos y da color a la grada con tifos, bufandeos y algo de pirotecnia? La respuesta es clara y no deja lugar a dudas.

Por otra parte está la actitud de los clubes en este asunto. En Alemania, por poner un ejemplo, los clubes se encargan de las sanciones puestas a los aficionados y las entradas son muchísimo más baratas de lo que pueden llegar a ser en un estadio de Primera o Segunda divisón en el Estado español, con lo cual el ambiente es mil veces mejor. Además, se permiten las gradas de pie y las medidas de seguridad en dichas zonas son las adecuadas al riesgo, todo lo contrario a lo que sucede en los estadios de este país, donde podemos ver cómo los hinchas se encuentran aprisonados entre vallas (el caso de Biris) y no disponen de una zona donde disfrutar de pie cómodamente y con seguridad del, mejor o peor, juego de su equipo.

Por suerte, el conflicto entre Biris Norte y la directiva ya se ha solucionado, y en Nervión volverán a disfrutar de los cánticos y el colorido de esos sevillanos y sevillistas que han apoyado este año a su equipo allá donde ha ido.

Por ello es deber de todos y todas luchar en contra de la represón que sufrimos los aficionados a lfútbol por el mero de hecho de no limitarnos a sentar el culo en el asiento, y pasar una hora y media comiendo pipas y cagándonos en el árbitro.

¡MODIFICACION DE LA LEY DEL DEPORTE YA!
¡STOP REPRESIÓN!
¡LA PIROTECNIA NO ES DELITO!

8 de febrero de 2013

Al salir del bar allí estaban ellos: 40 tíos grandes como armarios y armados hasta los dientes, acompañados de un par de chavalillas que apenas levantaban metro y medio del suelo.

La primera reacción del grupo fue la de pararse para analizar la situación pues se sabían en desventaja numérica y un enfrentamiento directo podía acabar francamente mal. Sin embargo, estaban en un callejón sin salida. Sus únicas opciones eran pelear o refugiarse en la tasca, lo cual era una opción suicida pues los tíos que tenían delante fácilmente derribarían la puerta con un par de patadas. Estaba claro, tenían que pelear, aunque ello significara perder la vida.

Con un leve movimiento de cabeza Ekaitz indicó a los demás lo que debían hacer y estos respondieron como sabían hacerlo. Sí, estaban en inferioridad numérica y el alcohol en sangre no ayudaba a mantener la concentración, pero la rabia y el odio hacia su enemigo hizo que todos esos problemas fueran olvidados rápidamente. En escasos metros los dos grupos se encontraron, y comenzó una cruenta pelea que se grabaría a fuego en su memoria.

Botas, puños americanos, palos, bates de béisbol, sillas, botellas, hebillas de cinturón, cadenas de hierro y un sin fín de utensilios utilizados como arma, incluídas un par de dagas y la extensible de Javi, se mezclaron en una nube de polvo y gritos que despertaron a la propia noche. La sangre tapizaba la acera, y Amaia pudo comprobar en sus propias carnes que el enemigo es fuerte en las distancias cortas cuando se siente arropado por un buen número de "camaradas". Estaba paralizada, y lo primero que sintió fue su labio partiéndose tras recibir un puñetazo de una de las otras chicas. Cayó al suelo, entre un montón de botas que no dejaban de moverse. Creyó morir allí mismo, pero se dio cuenta de que no estaba hecha de cristal, y que tenía que levantarse, así que se incorporó nuevamente y le devolvió el golpe a su agresora con una silla, dejándola inconsciente en el suelo.

Los dos grupos se enfrentaban, asalto tras asalto, dejando cada vez más cuerpos esparcidos por el suelo. Sin embargo, justo en el momento en que la pelea parecía que iba a acabar mal, las luces azules provocaron la huida de los que aquella noche se vistieron de cazadores. Por una vez, el canto de la sirena traía buenas noticias mas no por mucho tiempo, pues ese sonido fue bruscamente interrumpido por el aullido de dolor de quien Ekaitz consideraba su hermano, "El Birras", que habia tenido la mala suerte de ponerse en la trayectoria de una daga. Así, mientras las luces de la policía llenaban el callejón y todo el grupo se situaba en torno al compañero herido, decidieron que aquella visita nocturna no quedaría impune...