
Días grises, lluvia constante y corazones que gritan de dolor. Paseos por aceras mojadas bajo la intermitente luz de bombillas que terminan por apagarse definitivamente.
Todo a oscuras, ni rastro de luz.
La soledad golpea el pecho y lo oprime, impidiendo respirar y haciendo de los movimientos torpeza pura.
La realidad se cierra en sí misma y los pies avanzan por un angosto túnel invadido por pesadillas y malos pensamientos. No hay guía alguna más que las manos que rozan las paredes y las ganas de salir, de llegar al final y ver la luz.
Y yo, yo, sé que tu corazón rebosa ganas de salir de ese túnel, aunque ahora mismo deambule perdido en ese cielo de lunas rojas.
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