25 de octubre de 2012

Caemos. Caemos sin cesar, en un bucle interminable, oscuro pero a la vez lleno de luz. Es un bucle que no deja de subir y bajar, girar a izquierda y derecha, pero siempre nos hace caer. Es imposible frenar; de hecho, no es posible pensarlo, porque no queremos.

Este bucle del que hablo no es algo que surja con la edad, en la adolescencia. ¡Qué va! Es algo que nace con nosotros. Toda nuestra vida la pasamos en constante caída por ese bucle que a veces me recuerda a las típicas rampas cuesta abajo que conducían a trampas en los templos aztecas y mayas. A veces, sin embargo, la caída se hace menos violenta, más pausada, pero seguimos hundiéndonos más y más. Y nunca se puede salir de ese bucle.

Ese bucle señoras y señores...es el Amor.

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